Travel bloggers con miedo a volar

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Travel bloggers con miedo a volar
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Travel bloggers con miedo a volar es un oxímoron; uno de los buenos. Aunque parezca incongruente, blogueros con fobia a los aviones haberlos haylos. Hasta ahora, pensaba —inocente de mí— que yo era el único. Pero después de formar parte del blogtrip de #LaPalmaconSabor, he descubierto que no estoy solo. Hay más. Afortunadamente.

Oxímoron: Figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto. Miedo a volar y ser viajero en el caso que nos ocupa.

El destino quiso agruparnos, y que los tres “valientes” del promocional saliésemos juntos desde Bilbao rumbo a La Isla Bonita. Dos días antes del temido despegue, confesamos nuestros miedos en el grupo de guasap que habíamos creado para el equipo #LaPalmaconSaborBIO. Fue Marta de Rojo Congrejo quien abrió la caja de Pandora. Yo llevaba una semana pensando cómo comentarles de forma natural que cuando el avión está apunto de despegar me entran unas ganas espantosas de huir de allí, tal y como hace Julia Roberts en Novia a la fuga; que en el momento del despegue me pongo blanco como la camiseta del Real Madrid; y lo más importante, que necesito que alguien me coja la mano para tranquilizarme

Novia a la fuga

Confesiones en el guasap

Sentí una mezcla de felicidad, pánico y solidaridad indescriptible cuando Marta anunció que había hecho el chek in, que a ella le había tocado ventilla, pero que nos la cedía porque le daban miedo los aviones. ¿Era cierto lo que veían mis ojos en la pantalla del móvil? Un alma gemela en el mundo travel blogger. Alguien que sufría horrores cuando el piloto anunciaba el temido despegue. Pero, de repente, llegó el súmmum cuando Regi de Imanes de viajes escribió que ella también era uno de los nuestros. El aeropuerto de Loiu esperaba al “trío dodotis”.

Aerofobia:
1.f. Temor al aire, síntoma de algunas enfermedades nerviosas.
2.f. Psiquiatr. Fobia a volar.

Y llegó el gran día. En la habitación del hostel terminé de preparar mi equipaje con la seguridad de que las chicas solo trataban de mostrar empatía con sus comentarios. Que solo lo decían para echarnos unas risas. Pero cuando llegue a la terminal y vi la cara lívida de Marta comprobé que no me había mentido. Tampoco Regi.

Formas de prepararse para un despegue

Modo Regi: te pones las gafas de sol —hay que estar siempre divina por lo que pueda pasar—, espalda hacia atrás, agárrate a los reposabrazos del asiento como si fueras Han Solo pilotando el Halcón milenario en plena batalla interestelar y entonces, solo entonces, lanzas un largo suspiro para terminar de demostrar lo “serena” que estás.

Modo Marta: primero, sudas y sudas, como si estuvieses en una sauna sueca, te sudas a ti misma, luego mueves convulsivamente todas tus articulaciones mientras intentas dar la mano a tus compañeros de vuelo y farfullas: ¿estáaaaais bieeeeeeeen, chiiiiiicooooos?

Modo Miguel: dejas la mirada perdida en el horizonte, pones cara de “tengo un cinto lleno de explosivos y lo vais a flipar”, te recreas en un discurso inconexo apenas inteligible y lo más importante: agarras el asiento de delante con la misma fuerza que Iñaki Perurena coge las piedras al levantarlas.

Tenerife Norte, el parque de atracciones de Canarias

Resistimos al temido despegue como pudimos. Y las tres horas de vuelo las dedicamos a la conversación. Salvo algún pequeño vaivén del aparato, durante el cual enmudecidos como las rubias teñidas en las películas de miedo americanas al descubrir que el asesino las va a hacer pedacitos, todo fue bastante bien. Hasta que: ¡el horror, el horror! El piloto anuncia que hay problemas por viento y lluvia en el aeropuerto de Tenerife norte, pero que él lo va a intentar. ¡¿Por qué?! Sudores fríos, mandíbulas desencajadas; nos ponemos en posición de “día del juicio final”.

Afortunadamente, el capitán no lo ve claro y decide darse la vuelta y llevarnos hasta Tenerife Sur; el paraíso. De regalo, detallazo de Vueling —yo creo que algo sabían—: me ponen una de mis canciones favoritas, ‘Chicago’ de Sufjan Stevens, en el aterrizaje. ¡Así sí!

Bajamos del avión y después de besar el suelo chicharrero (Juan Pablo II style) nos dirigimos al bar de aeropuerto para hacer lo único que se puede hacer en estos casos: ¡beber cerveza!

Juan Pablo II besando el suelo

Comienza el hilo en el guasap de todos los componentes del blog trip, que si barco (¡Sí! Barco. Por favor, barco —grita el “trío dodotis” al unísono—.), que si otro avión, que si crossover #LaPalmaTenerifeSurconSabor… Hasta que después de varias cervezas, llega el temido guasap: hay vuelo. Catalanes y madrileños brindan con alegría. El equipo BIO nos miramos con desconfianza.

Sí, volamos a La Palma, abróchense los cinturones

Regi, Marta y yo salimos a la pista cargados de confianza, llenos de arrojo por el alcohol ingerido. Avanzamos y avanzamos, pero no divisamos el aparato que nos llevará en un plisplás a La Palma. Vemos un boeing naranja enorme, pero no es el nuestro. Otro verde, tampoco es. ¿Ese? Ese es de otra compañía. Seguimos andando hasta el final de la pista. Medio escondido entre esos grandes monstruos de la aviación está el nuestro: cuco, con unos lunaritos azules preciosos, muy “cute”, pero pequeñito, muy pequeñito… Vuelven los sudores. Nos damos las manos y entramos cabizbajos al avión.

Esta vez, las filas son de dos y tengo que dejar a mis “hermanas” unos metros atrás. A mi lado se sienta Natalia, de Volaré viajando, un encanto, pero no consigue calmarme. He vuelto a entrar en “modo Julia Roberts”.

Nos dan unas pastitas que sirven para distraernos unos minutos. De repente, “efecto tobogán”, un pequeño vaivén que siento en mi estómago como si fuera un terremoto nivel 10 (épico) en la escala de Ritcher. Virginia, de 365 sábados viajando, nos dice  para “tranquilizarnos” que al ser más pequeño, mucho mejor, que así se siente todo. Durante los días que duró el promocional le cogí mucho cariño a Virgi, pero en ese momento me habría abalanzado sobre ella con la furia de un caminante blanco al asalto del muro en ‘Juego de tronos’.  Me giro y miro al fondo del aparato, las caras de Marta y Regi me confirman lo que yo pensaba: nosotros no necesitamos tanta “sensibilidad”.

La tripulación de Canary Fly es fantástica y nos trata de primera. Una bella azafata nos pregunta si queremos ir a la cabina de los pilotos. Carla, de La maleta de Carla, levanta la mano rápidamente. Nosotros tres bajamos la cabeza como cuando el profesor de matemáticas, tiza en mano, pedía voluntarios para resolver una ecuación de segundo grado en la pizarra.

Azafata: ¿Alguien quiere ir a la cabina de los pilotos?

Carla: ¡Sí!

Azafata: ¿Algún voluntario para estar en la cabina durante el aterrizaje?

Carla:: ¡Yo!

Azafata: ¿Alguno os atrevéis a aterrizar vosotros solos el avión?

Carla: ¡Yo, yo, yo!

Y por fin, la calma. Llegamos al aeropuerto de Santa Cruz de la Palma.

En solo cinco minutos, olvidamos todos nuestros miedos y nos disponemos a disfrutar de un viaje inolvidable. Una gran experiencia de la que hablaré en las próximas semanas.

Nada destacable en el vuelo de vuelta: más sudores, rostros pálidos y tristeza, mucha tristeza, por dejar la isla. Hora de despedirnos de nuestros anfitriones (Javi Tejera, Javi Galdón y Christian) y de decir adiós a mis compañeros de aventuras (Luis, Regi, Marta, Patri, Víctor, Carla, Virgi y Nat), mis nuevos amigos. Otro detallazo, esta vez de Iberia Express —¿habrán investigado mi cuenta de Spotify?—, tomamos tierra en Madrid al ritmo de los compases de una de mis bandas preferidas, Beirut. Las aerolíneas “indies” molan un montón.

Nos despedimos por ahora, hasta el próximo viaje del “trío dodotis”. Después de la experiencia creo que nos atreveremos con un vuelo transoceánico, con un montón de escalas, que pase por zonas chungas con muchas turbulencias. Eso sí: los tres juntos; ¡equipo!

Webmaster y editor en elviajedesofi.com
Autor de la novela Queremos que vuelvan
Colaborador en zendalibros.com
Maratoniano un par de veces, pensando en una tercera
Amante de los viajes, el marketing digital, el running, la música y la literatura

17 Replies to “Travel bloggers con miedo a volar”

  1. ¡Brutal Miguel!
    Estoy en la oficina y me he tenido que salir porque me estaban dando unos ataques de risa que no podía más.
    No voy a olvidar en la vida este viaje, ha sido increíble.
    Cuando quieras quedamos para montar la asociación “Travel Dodotis”.
    ¡Por muchos vuelos más llenos de pánico y risas!

    1. Acabo de captar a otra travel blogger para la asociación “Travel Dodotis”. Cuando salgamos todos del armario se va a montar muy gorda.

  2. ¿Y las 3 salíais desde Bilbao? No porque se os pegase el gen vasco, sino porque dicen que es uno de los peores aeropuertos del mundo. Aupa neskak! Cómo me alegro leer que lo habéis pasado genial. ;)-

    1. Sí los tres salimos de allí. Al final el tiempo cambió, pero toda la semana la prevision era horrible: viento, lluvia… El promocional fue increíble. Ya iremos publicando.

  3. ¡Qué bueno Miguel!!! Cómo me he podido reir con tu post!! Está genial, aunque sufrieron un poco, al menos sirvió para que pudieras relatar estas anécdotas tan divertidas. Un abrazo a todos, se les extraña. .)

    1. Un placer compartir momentos contigo en La Palma, Mauxi. El sufrimiento mereció la pena. Nosotros también les extrañamos.

  4. Lo que me he podido reír! Y suerte habéis tenido, porque saliendo desde Bilbao podíais haber tenido un despegue tipo “Dragon Khan”. A mi no es que me haga mucha gracia ir en avión, pero tampoco entro en pánico, a no ser que haya muchas turbulencias, que entonces me quedo más blanca que la pared. Pero pienso que para poder viajar lejos no hay otra y se me pasa.
    Me alegro que lo pasarais tan bien.

    1. Ya te digo, Mar. Tuvimos mucha suerte. Pero hasta eso habría merecido la pena para poder disfrutar como lo hicimos en La Palma.

  5. Me sumo a vuestro grupo. Aunque nací sin miedo y me encantaba volar, desde hace 8 años le tengo pánico. Yo soy de las que sudan, como Marta. Pongo cara de estreñida y cuento 4-5 minutos, que es lo que suele durar el despegue. Según un artículo que leí de Sergio Parra, en Xataka Ciencia, son los más peligrosos. Si los supero ya quito la cara de “me estoy cagando viva” por una algo más suave. ¡Oh, Dios mío!! ¡Vamos a morir todos! Y luego ya es cuando me duermo y todo me da igual con tal de no tener que despertarme.

    ¡Gran artículo! Me he reído mucho

    1. Me alegro que te haya gustado, Laura. Lo mejor para pasar esos malos tragos es reírse.

  6. Genial el post Miguel, muy bueno para hacer risoterapia. Pero claro, lo dice alguien q no tiene miedo a volar. Hacerlo con esa fobia tiene q ser duro. Conozco más de uno y con alguno hasta he compartido asiento y te prometo q una vez casi me rompe la mano en un despegue de lo fuerte q apretaba.
    Como dice Mar, si se quiere viajar hay q romper esas fobias.

    1. Pues si vuelas con nosotros, Jorge, te rompemos la mano pero de verdad.

  7. Menos mal que al final no aterrizó Carla! 🙂

    1. Carla puede con todo; es una crack. Gracias por leerlo, Sara.

  8. Pues yo pertenezco al grupo de blogueras con miedo a volar, y este año me enfrento por primera vez a un vuelo transoceanico….miedo modo on ya…y quedan dos meses para el despegue….pero eso sí, que lote de reír con este post. Por cierto, yo soy modo Miguel jeje

    1. Hola, Marga. Me alegro que te haya gustados. Pls., info de ese grupo de blogueras con miedo a volar. En el TBM Miguel hablará de eso en la conversación viajera.

      Me alegro que te haya gustado.

      😉 Besos.

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