Queríamos ser como las Tortugas Ninja y probar todos los tipos de pizza de Nápoles, pero fracasamos. La idea era sencilla: dar una vuelta rápida por la ciudad y tachar la Pizzeria Brandi —donde nació la Margherita— y la mítica L’Antica Pizzeria da Michele de mi lista. Pero el destino nos tenía reservados otros planes para comer en Nápoles.
Esta es la crónica de cómo acabé comiendo de todo menos pizza —no te voy a mentir, algún trozo probé—. Aquí te cuento por qué tú deberías cometer el mismo error, aunque sólo sea alguno de los días de tu viaje.
Esta ciudad no solo se visita, se devora. Pero antes de que te manches las manos de harina, asegúrate de tener claros tus imprescindibles en mi guía de qué ver en Nápoles.
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Las pizzerías más famosas de Nápoles: ¿Merecen la pena sus colas?
Cuando se habla de buscar la mejor pizzería de Nápoles o un local legendario, el nombre de L’Antica Pizzeria da Michele (famosa por la película de Julia Roberts) sale de inmediato. Hasta me hice una lista en Google Maps de las mejores pizzerías de Nápoles que íbamos a probar, pero no hubo manera. Las vimos todas por fuera, pero siempre había algo que nos impedía entrar.
Si tú eres de ideas fijas y no te vas a permitir distracciones, apunta estos restaurantes para probar la pizza de masa fina napolitana:
- Pizzería Brandi: el lugar donde en 1889 se inventó la Margherita en honor de la reina Margarita de Saboya. Fui por la historia de la pizza tricolore —roja, verde y blanca, como los colores de la bandera de Italia—, y me marché por la multitud.
- L’Antica Pizzería Da Michele: el templo de Julia Roberts en la película Come, reza, ama. Aquí es donde su personaje, Liz Gilbert, declara su «relación amorosa» con la pizza.
- Gino e Toto Sorbillo: hay varias pizzerías con el nombre Sorbillo. La que habrás visto en las redes sociales es la de Via dei Tribunali. es una de las preferidas de los turistas; siempre hay colas.
- Starita: famosa por su pizza frita y porque Sophia Loren rodó en este restaurante El oro de Nápoles (Vittorio De Sica, 1954).
- Di Matteo: conocida porque hasta Bill Clinton se paró aquí a comer una pizza a portafoglio, una pizza de cartera, hecha con una masa muy fina, que se dobla en cuatro pliegues sin romperse.
Las vi todas por fuera, pero no entré a ninguna de las que tenía apuntadas. En ese viaje comimos unos cuantos trozos al taglio —el mejor snack para el turisteo si vas a recorrer las ruinas de Pompeya y no quieres perder tiempo— y nos comimos una entera en una hermosa plaza de Atrani, en plena Costa Amalfitana.

Se me olvidaba: estuvimos comiendo en Social Pizza, una de las pizzerías más populares del barrio de Chiaia, pero nos pedimos flori di zucca —calabacín— y melenzane —berenjena—. Las Tortugas Ninja se avergonzaron de nosotros una vez más. Eso sí, descubrimos un lugar donde comer bien y barato en Nápoles.
¿Te gustaría aprender a hacerla tú? Si además de comerla quieres llevarte el secreto a casa, este Taller de pizza napolitana con cena es la experiencia más divertida. Aprendes con un maestro pizzaiolo y luego te cenas tu propia creación.
Te enseñan cómo cocinarla y luego te la comes acompañada de una tabla de tomates y mozzarella.
Ubicación de las pizzerías históricas
Para que no te pierdas buscando callejones mientras el hambre aprieta, te he preparado este mapa con la ubicación exacta de todas las pizzerías que menciono en el post. Puedes guardarlo en tu Google Maps haciendo clic en la estrella y consultarlo durante tu viaje.
Qué comer en Nápoles: más allá de la pizza tradicional
Si estás planificando tu ruta gastronómica por el sur de Italia, es vital que sepas qué comer en Nápoles más allá de su archiconocido plato estrella con tomate San Marzano y mozzarella di bufala campana. La cocina napolitana es el pilar de la dieta mediterránea en la región de Campania y ofrece un recetario tradicional espectacular que va directo al estómago.
Para empezar, el street food local es una religión; no te puedes ir de la ciudad sin probar el auténtico cuoppo napoletano (un cucurucho de papel de estraza repleto de fritos marineros o croquetas de tierra), la adictiva frittatina de pasta o un trozo de pizza frita crujiente.
Si prefieres sentarte en una trattoria tradicional a la hora del almuerzo, tienes que buscar en la carta platos de cuchara icónicos como la pasta alla genovese (con su salsa de carne y cebolla caramelizada cocinada a fuego lento), el sustancioso ragú napolitano o la reconfortante parmigiana di melanzane (berenjenas al horno).
Y para el momento dulce, la repostería napolitana te aguarda en cada esquina: rinde culto al azúcar con una sfogliatella bien crujiente recién horneada o un tierno babà empapado en ron, siempre acompañados, como manda la tradición, de un café espresso corto y cargado.
Cómo pedir un café en Nápoles (y no parecer un turista)
- Espresso corto: Simplemente pide «Un caffè, per favore.»
- Espresso doble: «Un doppio.»
- Un café con crema de avellanas: «Un caffè nocciolato.»
- Un café largo (el equivalente a un americano en otras partes de Italia): «Un caffè lungo.»
Street Food: por qué no llegué con hambre a la cena
Comer de pie en Nápoles es un deporte nacional. Necesitas técnica, equilibrio y cero miedo a las manchas de grasa. Al segundo cuoppo di calamari, ya serás capaz de sortear a las vespas mientras engulles calamares caminando por los callejones de los Quartieri Spagnoli.
Esta es la mejor forma de probar la típica comida napolitana durante tu jornada de visitas a los monumentos.
El Cuoppo, la barrita energética napolitana
Te vas a aficionar a esta forma de alimentarte. Este cono de papel es el santo grial de la comida napolitana. El centro de la ciudad está lleno de establecimiento donde poder comprar uno. Tienes unas cuantas opciones:
- Cuoppo di Terra: lleva de todo, y todo rico. Lo crearon para que la población con menos recursos pudiera comer un plato nutritivo por poco dinero. ¡Lo bordaron! Lleno de crocchè de patata, arancini (bolas de arroz), scugnizzi (trozos de masa frita) y verduras en tempura (berenjena y calabacín). En algunos puestos, le ponen scagliozzi (polenta frita).
- Cuoppo di Mare: el preferido de los turistas. Calamares, boquerones y gambas tan frescos que se han escapado del Mediterráneo directamente a la freidora.
Consejo de supervivencia: el papel siempre acaba goteando. No lleves lino blanco. No digas que no te avisé.

La Frittatina di Pasta: el carbohidrato definitivo
Si tienes poco tiempo para comer y necesitas un alimento energético para afrontar la jornada de turisteo, este es tu plato. Esta bomba culinaria está hecha con pasta, salsa bechamel cremosa, carne picada —o jamón—, queso y guisantes. Luego se pasa por harina y se fríe.
Depende del local, la frittatina di pasta puede ser una croqueta de macarrones o una tortilla de spaghetti. Es una receta de «aprovechamiento», ideal cuando necesitas acabar con el hambre en poco tiempo.
Te aseguro que vas a necesitar todas esas calorías. Nápoles es la base ideal para explorar la región, y si tienes pensado pegarte la caminata histórica por excelencia, te recomiendo este pack combinado Pompeya + Vesubio. Es la excursión más cómoda para ver ambos sitios en un día, y créeme que al volver a la ciudad, esa pizza de Sorbillo te va a saber a gloria bendita.
Pizza a Portafoglio, la papiroflexia más sabrosa
Ya te dije que el presidente de los Estados Unidos se comió una en Di Matteo, y le encantó. Su masa es muy fina y muy flexible. Comerla es como un juego; parece que estuvieras practicando origami —el arte japonés de plegar papel—.
La técnica: se come con una mano mientras con la otra sujetas el móvil para comprobar en Google Maps cuál es tu siguiente destino. Es la comida rápida original, mucho antes de que llegaran los restaurantes de franquicia.
El pecado original: el aperitivo que se nos fue de las manos
El aperitivo en Italia es una trampa mortal. Si estás buscando dónde cenar en Nápoles y eres débil como yo, ten por seguro que acabarás en alguna terraza cambiando el restaurante por una entretenida velada de aperoles y bruschettas. Estos fueron tres de los mejores sitios en los que terminamos la jornada:
- La Salumeria Alcolica: tablas de embutidos y tostadas para acompañar tu cóctel. Tienes que probar el Limoncello Spritz. La terraza es grande, pero siempre estaba llena.
- Apoteca Winebar: todo un descubrimiento. El aperitivo estuvo espectacular: un montón de snacks muy ricos acompañados del mejor negroni que me he tomado en mucho tiempo.
- 66 Fusion Bar & Freak Drink Food: el aperitivo es más sencillo que en otros locales, pero los aperol están buenísimos y con buen precio, a ocho euros cada uno. Nos gustó tanto que repetimos.
El sabor del limón aquí es de otro planeta; si te quedas con ganas de más, tienes que probar los de mi ruta por la Costa Amalfitana, donde el aroma a cítricos inunda cada pueblo.

Mercados: donde late el corazón (y el estómago) de la ciudad
Bienvenido al Nápoles real. Aunque los turistas hemos invadido sus mercados, siguen manteniendo su esencia. Vas a encontrar muchas ideas para un sabroso picoteo.
- Mercado de Pignasecca: El más antiguo. Entre puestos de fruta y pescado, puedes encontrar puestos donde comprar pizza frita, cuoppi, babà y sfogliatelle.
- Mercado de Porta Nolana: Puro Nápoles; caótico a más no poder. Frutas y verduras al aire libre y un buen surtido de ropa a precios populares.
Si no quieres perder tiempo y evitar colas, una gran idea es hacer un tour gastronómico. Hay una excursión que te lleva a recorrer el mercado de Pignasecca con un guía local. Tienes incluidas degustaciones de Aperol, frituras, embutidos y dulces.
Y de remate de la visita, una copichuela de limoncello.
Platos típicos: más allá de la masa
Cuando logramos sentarnos en sitios como Signora Bettola, descubrimos que Nápoles es mucho más que un disco de masa:
- Pasta alla Genovese: El plato típico de la región de Campania. Es una pasta acompañada de una salsa hecha con carne y mucha cebolla.
- Pasta e Patate con Provola: me quedé con ganas de probar esta pasta con patatas y provola, pero ya tenía sobredosis de carbohidratos.
- Polpette al sugo: Para los fan lovers de las albóndigas. Estas son las que prepara la mamma a sus bambinos.
- Parmigiana di Melanzane: terminamos con nuestro favorito: una berenjena al horno rellena con tomate, mozzarella y albahaca.

El rincón del azúcar: adiós al plan bikini este año
Si creías que con la pasta y los fritos habías tocado techo, Nápoles te guarda una emboscada dulce en cada esquina. Aquí no se «pica» algo dulce, se rinde culto al azúcar.
- Babà al Ron: ese trozo de masa esponjosa es el postre más típico de la ciudad. Para que este bizcocho sea 100 % napolitano, debe llevar una buena dosis de licor.
- Sfogliatella: hay dos bandos: la Riccia (crujiente y con mil capas de hojaldre) y la Frolla (masa quebrada suave). Ambas rellenas de una crema de ricotta y naranja. No te atrevas a contar las calorías.
Helados que son pecado: gelaterias que debes marcar
Incluso en invierno, el helado en Nápoles es obligatorio. Estas son tres de las más populares:
- Mennella: los sabores de stracciatella y de avellana son los más demandados. Buenos precios: entre 3 y 5 euros.
- Casa Infante: aquí la estrella de la carta de sorbetes es el pistacho.
- Gay-Odin: es una chocolatería histórica donde tomar uno de los mejores helados de la ciudad. Una excentricidad deliciosa: el helado de ricotta con pera.

El tiramisú es una de nuestras perdiciones. Aparte de pedirlo en los restaurantes, lo probamos también en las pastelerías. El que hacen en Pompi Napoli es un pecado mortal.
Preguntas (muy) frecuentes para no quedarte con hambre en Nápoles
Estamos llegando al final, pero antes del postre, quiero hacer un repaso de todo lo que nos hemos comido en este viaje al sur de Italia.
Sí. Más que seguro, es obligatorio. El producto es fresco, rico y a buen precio. Eso sí, vigila tu cartera, no por los carteristas (que también), sino porque querrás comprarte tres kilos de queso provolone.
Calcula entre 45 minutos y 2 horas. Tip de experto: Si vas a las 11:30 de la mañana o a las 16:00, tus posibilidades de éxito suben un 200%.
Sí. Nápoles es probablemente la ciudad de Europa donde mejor se come por menos dinero. Un cuoppo o una pizza a portafoglio te cuestan menos que un café en Londres o París.
El camarero te mirará con una mezcla de lástima y quizás hasta desprecio. En Italia, el capuchino es para desayunar. Después de comer, pide un espresso (un caffè) y, si quieres rematar, un limoncello bien frío.
¡Muchísimas! La Pasta e patate, la Parmigiana di melanzane (berenjenas con tomate y queso) o los Peperoni imbottiti son recetas sin carne igual de sabrosas y nutritivas que el filete.
¿Se puede ser feliz en Nápoles sin comer en Brandi?
Fui a Nápoles con una lista de pizzerías históricas y volví con el corazón (y el estómago) lleno de experiencias que no estaban en mi guion original. Al final, Nápoles es una ciudad que se disfruta más cuando dejas de mirar el reloj y te pierdes por sus callejones.
Fracasar en mi misión de comer en los «templos» de la pizza fue el mejor error del viaje. Me permitió descubrir que la verdadera alma de la ciudad está en el papel de estraza de un cuoppo, en la charla con un camarero mientras te sirve un Limoncello Spritz y en el caos magnético de sus mercados.
¿Eres de los que prefiere hacer una cola kilométrica por ir al sitio legendario o prefieres dejarte llevar por tu instinto? Cuéntamelo en los comentarios. ¡Te leo!
Y recuerda: Nápoles no se visita, se devora.
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